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Solo llegó hasta primer año de primaria
El niño que se educó a sí mismo vendiendo libros.
Julio López.- Fundador
Julio López fue dado en adopción al nacer, y creció sin los recursos que muchas familias dan por sentado. Desde muy pequeño tuvo que trabajar – a los seis años, mientras otros niños estaban en la escuela, él barría el aserrín del piso de una carpintería.
La primaria en esa etapa que para tantos niños es solo el inicio natural de la vida, para Julio fue un lujo que no pudo sostener. Llegó únicamente hasta primer año, y ahí se quedó.
Pero a los dieciséis años, algo cambió. Julio empezó a vender libros — y para poder venderlos, tuvo que leerlos. Leyó enciclopedias completas, una tras otra. El niño que no pudo terminar la primaria se convirtió, por pura necesidad, en uno de los hombres más leídos de su entorno. Y descubrió algo más sobre sí mismo: tenía un don para convencer a la gente. No porque usara trucos, sino porque entendía — mejor que nadie — lo que se siente querer algo que está fuera de tu alcance.
Esa habilidad lo llevó a trabajar en el área de admisiones de una preparatoria. Y ahí, todos los días, vio algo que lo marcó para siempre: jóvenes con ganas, con capacidad, con sueños — a quienes simplemente no les alcanzaba💰. Vio también lo otro: que del otro lado, la educación de calidad parecía reservada para quienes ya tenían todo resuelto en casa.
Con las comisiones que ganó vendiendo educación a otros, Julio empezó a construir la suya. Y en 1990, en León, Guanajuato, abrió el primer centro de capacitación: una academia para mujeres que querían convertirse en secretarias.
Un año de estudios. Ahí se enseñaba a contestar el teléfono con profesionalismo, a llevar una agenda, a registrar cuentas en libros contables a mano —Excel todavía era ciencia ficción para la mayoría—, a escribir a máquina, a dominar la ortografía.
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Suena pequeño. No lo era. Para una mujer joven sin recursos en el México de los 90, ese diploma era la diferencia entre quedarse en casa o entrar, por primera vez, a una oficina. Entre depender por completo de alguien más, o tener un sueldo propio.
Julio no estaba enseñando a contestar teléfonos. Estaba abriendo la primera puerta que muchas de esas mujeres habían visto en su vida.
Vendía ropa en los ranchos desde los 9 años
De vender ropa en los ranchos a Rectora General.
Dra. Sandra Núñez
Sandra Núñez desde los 8 años creció atendiendo una abarrotería entre semana y vendiendo ropa en los ranchos de Aguascalientes, los fines de semana. Su familia se había roto, y fue su abuela quien la crió. Desde los 8 años, Sandra atendía una “tiendita” en la colonia donde vivía, y los fines de semana acompañaba a su abuela a vender ropa a los ranchos, recibiendo una paga de $20 semanales. Aprendiendo desde niña una lección que muchos adultos nunca terminan de entender: el dinero no llega solo. Hay que salir a buscarlo, sol tras sol.
No hubo tiempo, ni recursos, para pensar en estudiar una carrera — no en ese momento. Sandra siguió abriéndose paso, sola, durante años. Y entonces, a los 32 años, hizo algo que muy pocas personas en su situación se atreven a hacer: empezó su primera licenciatura. No se detuvo ahí. Hoy, la mujer que de niña vendía ropa en los ranchos de Aguascalientes tiene dos licenciaturas, dos maestrías y un doctorado.
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Por el camino, Sandra encontró a Julio López. Y entre los dos, encontraron también a Blas Basaldúa. Julio aportaba la visión y la calle, Blas la estructura académica — pero fue Sandra quien sostuvo todo desde los cimientos: la administración, la operación, el día a día que hace que un proyecto sobreviva más allá de una buena idea. Sin esa columna, nada de lo demás habría podido construirse.
Hoy, más de tres décadas después, Sandra sigue siendo esa columna. Es la Rectora y Directora General de todas las escuelas que ayudó a fundar — y la única de los tres que sigue al frente, día a día, asegurándose de que la misión original no se pierda.
Es la prueba viviente de que no importa cuán tarde empieces, ni de dónde vengas — si tienes la oportunidad correcta, puedes llegar exactamente a donde decidas.
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Dejó el seminario a meses de ser sacerdote
Del seminario al diseño de la educación que cambiaría vidas.
Lic. Blas Basaldúa – Fundador
Blas Basaldúa tomó un camino distinto al de Julio y Sandra, pero que terminaría llevándolo al mismo destino. Entró al seminario y se formó con una disciplina académica excepcional — de las que dejan huella.
Estaba a solo meses de convertirse en sacerdote cuando tomó una decisión que cambiaría el rumbo de su vida: ese no era su camino.
Salió del seminario con una pregunta sin responder — ¿y ahora qué sigue? — pero con algo invaluable: una formación académica sólida, rigurosa, que pocas personas tenían en ese momento.
Esa formación lo llevó a convertirse en diseñador de programas curriculares para preparatorias y universidades. Y fue ahí donde su camino se cruzó con el de Sandra, quien lo presentó con Julio.
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Entre los tres nació algo que ninguno esperaba: una amistad tan profunda que Blas se convirtió en compadre de Julio.
Blas le dio estructura a lo que hasta entonces era solo una buena intención. Tomó aquella primera academia de secretarias y, con su rigor académico, la transformó en algo sólido, replicable, serio — las bases sobre las que después se construirían preparatorias completas y, finalmente, una universidad.
Lo que cada uno no tenía, el otro lo traía.
Julio puso la visión. Blas, la estructura académica. Sandra, los cimientos administrativos. Juntos transformaron aquel primer centro de capacitación en la Universidad de Estudios Superiores Juventus – la puerta que a ellos nunca les abrieron.
“La puerta que a ellos nadie les abrió, ellos la construyeron para ti. Ahora te toca cruzarla.”
Julio, Sandra y Blas llegaron a este punto desde lugares completamente distintos del país, con desafíos y complicaciones distintas. Pero los tres compartían la misma certeza, aprendida de la forma más dura: nadie les iba a regalar nada, y la educación —esa puerta que para otros era automática— para ellos había sido un muro. Juntos, se complementaban como si llevaran toda la vida esperándose:
🚀 Julio ponía la visión y la convicción — sabía exactamente para quién era esto, porque él había sido esa persona.
🚀 Sandra ponía los cimientos administrativos — la base sin la cual nada de esto habría podido sostenerse en el tiempo, ni entonces ni ahora.
🚀 Blas ponía la estructura académica y el rigor curricular.
Juntos transformaron aquel primer centro de capacitación en algo más grande: preparatorias y, después, en la Universidad de Estudios Superiores Juventus. De bajo costo. Con becas. Pensadas, desde el primer ladrillo, para estudiantes que ellos mismos habían sido — porque sabían exactamente lo que se siente no tener quién te pueda pagar la escuela, tener que ganarte cada peso de tus estudios, o que te rechacen de un trabajo por no tener estudios no podían pagar.
No estaban construyendo escuelas. Estaban construyendo la puerta que a ellos nunca les abrieron.
El tiempo, que no perdona a nadie, se llevó a dos de los tres fundadores. Blas Basaldúa falleció en un accidente. Julio López falleció después, de causas naturales. De los tres, solo una persona sigue al frente: la Dra. Sandra Núñez.
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Dra. Sandra Núñez
Rectora General – sosteniendo hoy lo que los 3 construyeron
Y eso significa algo importante: todo lo que has leído hasta ahora —la academia de 1990, las preparatorias, la universidad, las becas— no es solo historia. Es algo que una sola misión ha cargado, sostenido y hecho crecer, todos los días, hasta el momento en que tú estás leyendo esto.
Cada beca que se otorga hoy, cada plantel que sigue abierto, cada generación que se titula — pasa por sus manos. La niña que vendía ropa en los ranchos de Aguascalientes se convirtió en la persona que decide, todavía hoy, que ningún joven se quede sin estudiar por falta de dinero.
La idea original – dar acceso a una educación de calidad a quienes nunca la tuvieron — sigue viva porque ella decidió que siguiera viva: becas reales, para que lo que pagas sea mucho menos de lo que recibes.
Si estás leyendo esto, es probable que tengas algo en común con Julio, Sandra o Blas.
Esta universidad – Juventus – nació de tres personas que vivieron exactamente lo que tú quizás estás viviendo ahora.
